“Siempre hay que pedir disculpas por “hablar” de la pintura: ¡Pero hay grandes razones para no callarse! Todas las artes viven de palabras. Toda obra exige que se le responda: y una “literatura” escrita o no, inmediata o meditada, es indivisible de lo que impulsa al hombre a crear, y de las producciones que resultan de ese extraordinario instinto”. Paul Valery
Julio Escamez. El trazo latinoamericano.
Por Denise Fresard
“Me considero un pintor en actitud migratoria, comenzando el peregrinar en mi país. Los trazos de las rutas quedaron registrados en mis cuadernos de dibujo, desde los desiertos del norte hasta las regiones australes, originando un intenso inventario de la morfología del paisaje, la variedad de la flora y la fauna y los asentamientos humanos en aldeas y ciudades.” Julio Escámez.
Este estudio plantea el carácter netamente posmodernista en la transversalidad latinoamericana de la obra de Julio Escámez, pintor, muralista, grabador, ilustrador y escenógrafo, que nació en Chile y desarrolló gran parte de su obra en Costa Rica, su segunda patria. Al mismo tiempo pretende la realización de un catastro, que permita gestionar la edición y publicación de un catálogo de pinturas, dibujos y grabados, que nos entregue una noción de la materialidad de cada obra, su ubicación y su funcionalidad, amparada por los datos objetivos: técnicas, fechas, tamaños y nombres.
Cuando se analiza el panorama de las artes visuales en Latinoamérica, encontramos distintos escenarios y realidades que evidencian la heterogeneidad geográfica, cultural y étnica en esta parte del mundo. En la ordenación epistemológica propuesta por Marta Traba (El Museo Vacío 1958) distingue dos grandes espacios culturales en Latinoamérica; los que ella llama “áreas cerradas” y “áreas abiertas”, dependiendo de su grado de permeabilidad a influjos externos. Sin embargo, las persecuciones políticas que llevaron a muchos artistas al exilio durante la segunda mitad del siglo XX, hicieron que el arte moderno latinoamericano se hiciera parte de un discurso unificador, que con mas o menos coincidencias va en busca de una identidad propia, criolla, indígena y negra.
El muralismo surge en México con el triunfo de la Revolución, con Diego Rivera, Jorge González Camarena, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y tantos otros, que plasmaron los ideales revolucionarios en sus pinturas, en los espacios públicos, convirtiendo este movimiento en uno de los fenómenos mas decisivos de la plástica iberoamericana moderna y contemporánea.
Aunque en sus comienzos Julio Escámez se inclinó por la escultura, en la década del ’40, motivado por la presencia de David Alfaro Siqueiros y Daniel Guerrero en Chile, quienes realizaban entonces el mural Muerte al Invasor en la Escuela México de la ciudad de Chillán, el artista colaboró con Gregorio de la Fuente, en el desarrollo del mural “Historia de Concepción” en la estación de Ferrocarriles de esa ciudad, y mas tarde pintó el mural “Historia de la Medicina” en la Farmacia Maluje, también en Concepción en 1958.
El muralismo y la pintura monumental que venía desde la década del ’20 afiatando un discurso ideológico potente, con perspectivas exageradamente dramáticas, de fuerte influencia surrealista, se convierte en la posibilidad de dar una connotación masiva a un texto estético, superpuesto las mas de las veces con un discurso social. Según palabras del propio Escámez: “el mural expresa una mirada del tiempo que al artista le toca vivir, el mural no puede ser enteramente decorativo, tiene que reflejar ideas”. Esas ideas son las de un hombre. Como dijera Marta Traba: “La sensibilidad de la época donde se desarrolla, es consustancial al arte, y todo arte significa, desde el momento que existe, un testimonio”.
Si partimos de la premisa que la condición fundamental del arte moderno es la ruptura con todas las concepciones estéticas anteriores, y ser moderno es una forma de existir por excelencia. Encaja perfectamente con esta definición el movimiento artístico que se desencadena a partir del muralismo, por cuanto se libera de todo juicio estético y discursivo, para fundar una nueva manera de concebir la técnica, la obra y la iconografía, volcándose hacia sus raíces indígenas en la búsqueda de una realidad estética americanista. Y si consideramos la versatilidad del artista que motiva esta investigación, podemos ver que su obra evoluciona hacia un discurso nuevo, que va desde la naturaleza de su infancia, hacia lo urbano y maquinista del siglo XX , enriqueciendo aquella iconografía con un renovado discurso pictórico.
Si sostenemos con Benndetto Croce que la obra de arte es siempre individual y siempre universal y que su clasificación en grupos va en contra del verdadero sentido del arte y su univocidad, podemos entender que la obra de Julio Escámez es en si misma monumental y de inmenso valor autoral, puesto que este artista plástico tan completo y brillante en el dibujo, como en la pintura y el grabado, se ha paseado por el muralismo y lo monumental en un gesto único e individual.
Sin embargo para sostener que esta obra es fiel representante del postmodernismo latinoamericano tendremos que aceptar con Worringer, la existencia de grandes esquemas espirituales-históricos. Los movimientos sociales que enmarcan esta obra y conforman un discurso estético americanista, transversalmente representativo, desde Norteamérica hasta la Patagonia Austral.
Para reconocer lo que se ha dado en llamar el arte postmoderno latinoamericano, tendremos que descubrir al hombre postmoderno que interpretó aquellas obras.
En Costa Rica, Julio Escámez continuó su labor de muralista con las obras “La Ciudad del Futuro”(1981) y el mural “La Tierra”(1981), en el instituto Nacional de Seguros en San José. Se ha desempeñado como grabador, ilustrador y escenógrafo, cuyas xilografías, litografías, aguas fuertes e ilustraciones, han dado renovados aires a las artes gráficas latinoamericanas. Se desempeña como catedrático en la Universidad Nacional de Costa Rica y como asesor del Ministerio de Cultura .
Referencias bibliográficas
-El Museo Vacío. Marta Traba. Bogotá. 1958.
-Problemática del Arte Contemporáneo. Wilhelm Worringer. 1948.
-La Historia como Pensamiento y Acción. Benedetto Croce.1938.
-Como se pinta un mural. David Alfaro Siqueiros. Concepción. 1966.
-Mural “presencia de América Latina. Jorge González Camarena. 1965.
-Grabar la memoria. Exposición, Universidad de Playa Ancha. 2010.
-Introducción al método de Leonardo da Vinci. Paul Valéry. 1895.









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